Cambio A Su Esposa Por Otra Mujer “Más Bella” Y La Vida Le Ha Dado Una Lección

Lo que te dejaremos a continuación es algo que realmente le pasa a muchos hombres en la actualidad. No llegan a valorar lo que la mujer deja de hacer por si misma para dedicarse al hogar y a su marido.

Es cierto que dedicación no significa descuido, pero no hay duda de que el trabajo de una mujer es el doble de difícil si además tiene que atender las cosas del hogar, más todavía con hijos.

En el caso de esta ‘carta’ escrita por un hombre, que se volvió viral en Internet, se nos deja ver lo que es aprender la lección. Y es que señores, algo es muy cierto y es que, si cambiaste a tu esposa por una mujer más joven, eventualmente esa mujer ‘más joven’ te cambiará a ti por viejo.

Si empiezas una relación con engaños e infidelidades, terminarás perjudicado.

Mira la carta:

“La vida da mil vueltas. Hace un año me separé de mi esposa, la dejé para estar con otra que a mi parecer era más atractiva.

Mi ex esposa era gorda, estaba flácida, tenía la piel llena de celulitis y estrías, rollitos y barriga, no se cuidaba, tampoco se peinaba, no usaba maquillaje – ni siquiera un poco de lápiz labial – siempre andaba con vestidos largos y sin forma.

Uñas sin arreglar, rara vez se depilaba, no usaba sostén y tenía los pechos caídos, nunca se arreglaba las cejas, en fin; yo no sentía ya más atracción hacia ella, nada de ella me llamaba la atención, solo quedaba el recuerdo de la exuberante mujer que un día conocí.

Hoy, exactamente un año después de haberla dejado me encontré con la mujer que un día fue mi esposa.

Estaba hermosa, radiante; había adelgazado y no había señal de los rollitos ni de la barriga. El pelo suelto caía sobre sus hombros, un rojo radiante destacaba sus hermosos labios carnosos y lucía un vestido que destacaba su cintura, parecía haberse hecho exclusivamente para ella. No parecía el cuerpo de una madre de tres hermosos niños, mis niños.

Ahora estoy aquí sólo, recordando que esos kilos de más fueron a causa del embarazo de nuestro último hijo. La barriga flácida era porque se estaba recuperando de la enorme barriga donde ella cargó por nueve meses los mejores regalos que la vida me ha dado. La celulitis era porque cambió el gimnasio para quedarse en casa cuidando de nuestros hijos, no tenía tiempo parea peinarse todos los días, mucho menos depilarse, maquillarse o sacarse las cejas.

El poco tiempo del que ella disponía lo usaba para mi al grado de olvidarse de sí misma. Solía ponerse en segundo, tercer o cuarto plano. Cambió vestidos por pañales, tenía los pechos caídos pero estaba orgullosa de haber amamantado a su hijos hasta por dos años, no usaba sostén porque le era más fácil alimentarlos de esa manera. Y aún así, luego de toda la estampida de cocinar, planchar y limpiar, ella sonreía y se veía feliz con su familia, para ella no había nada más perfecto.

Hoy les cuento esto, yo que se que es tener una mujer de verdad en casa, yo que la dejé ir. Lo arruiné todo, perdí a esa mujer; tontamente cambié la belleza real por una belleza de fachada, pero aprendí la lección, me faltó comprensión y agradecimiento, saber reconocer el valor que tiene ser ama de casa.

Ahora ella está con el más pequeño de mis hijos, Benjamín, de apenas un añito; las otras dos ya son más grandes y no le consumen tanto tiempo; ahora puede cuidarse y se dio cuenta que no necesita de ningún pendejo para estar bien y sentirse especial, ahora sabe su valor. Si yo no supe y pude hacerme cargo, otro lo hará.

Valora compañero, porque una mujer de verdad no siempre tiene medidas perfectas, pero siempre tiene carácter.”

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